ABC: El Comienzo del Mundo
Tanto el ganador como la finalista de los Premios Planeta de este año son dos escritores de género que han mostrado excelencia en sus anteriores narraciones. Javier Moro, por ejemplo, es un avezado autor que se caracteriza por decantarse hacia el ejemplo de lo que es un novelista de best sellers en el ámbito anglosajón: prepara de manera exhaustiva toda la información sobre la época que quiere contar y, aferrado a unos materiales convencionales que domina, arma historias muy sólidas apoyado en la construcción del perfil psicológico de personajes que beben su existencia de la novela del XIX. En esta ocasión, lejos ya de las sombras de Sonia Gandhi y de la majarashi de Kapurtala, Anita Delgado, de la que escribió un bello libro, Pasión india, Javier Moro ha escrito una novela histórica sobre el nacimiento de Brasil bajo la figura de Pedro I y de qué modo lo que comenzó como un repliegue de la nación lusa al otro lado del Atlántico ( Juan VI, padre de Pedro, traslada la Corte a Brasil por miedo a una invasión napoleónica de Portugal) se convirtió en el nacimiento de una nación. Disposición barroca El tema es apasionante; y ya se sabe que la novela de corte histórico que hace estragos hoy busca la fascinación para establecer sus reales, y luego, si acaso, rellena esa fascinación con materiales más o menos caros. Javier Moro se propuso aquí narrar una historia del trópico, al modo en que se entiende en Europa una novela tropical – es decir, pasiones encendidas, paisajes imposibles–, y a su modo lo ha conseguido. Las aventuras de Pedro, traidor confeso de su esposa, Leopoldina de Austria, y INMA CHACÓN Finalista del Premio Planeta 2011 Planeta. Barcelona, 2011 427 páginas, 21 euros amante hasta la decadencia personal de Domitila de Castro ( los perfiles de las mujeres están muy conseguidos), se describen con exaltada disposición barroca pero, en el fondo, con una incidencia en la enseñanza moral. La trama desemboca en la asunción del poder como obligación moral de un monarca con su pueblo. Con Pedro I sucede como con Enrique V en Shakespeare y su repudio de Falstaff: asumir como mandato el buen gobierno siempre ofrece preciados frutos. Lección que Javier Moro, no sé si con intención o no, nos ofrece en tiempos de incertidumbre con probada calidad. Vestidos de época Y si la de Moro se sitúa a comienzos del XIX, la de Inma Chacón, Tiempo de arena, es una novela histórica ambientada a finales del XIX y comienzos del XX, como si ambos autores hubieran querido iluminar nuestro presente recurriendo al pasado inmediato. Chacón se ocupa del movimiento feminista en ciernes y de la inclusión de las mujeres en la masonería. Hay en su libro un paisaje de ascendiente exótico, pues describe los últimos momentos de la posesión española de las Filipinas. La narración guarda similitudes con Tristana o con aquellas novelas del XIX que se inmiscuían en la vida de provincias, pero esa recurrencia de Chacón a nuestra literatura decimonónica es un acierto, pues se revela como el único modo de revivir un pasado con los materiales que le son propios, como si hubiera articulado un maniquí con vestidos de época. El resultado, una novela de corte militante pero donde aquello que se quiere decir no se impone a los personajes.

ABC: El Comienzo del Mundo

Tanto el ganador como la finalista de los Premios Planeta de este año son dos escritores de género que han mostrado excelencia en sus anteriores narraciones. Javier Moro, por ejemplo, es un avezado autor que se caracteriza por decantarse hacia el ejemplo de lo que es un novelista de best sellers en el ámbito anglosajón: prepara de manera exhaustiva toda la información sobre la época que quiere contar y, aferrado a unos materiales convencionales que domina, arma historias muy sólidas apoyado en la construcción del perfil psicológico de personajes que beben su existencia de la novela del XIX.

En esta ocasión, lejos ya de las sombras de Sonia Gandhi y de la majarashi de Kapurtala, Anita Delgado, de la que escribió un bello libro, Pasión india, Javier Moro ha escrito una novela histórica sobre el nacimiento de Brasil bajo la figura de Pedro I y de qué modo lo que comenzó como un repliegue de la nación lusa al otro lado del Atlántico ( Juan VI, padre de Pedro, traslada la Corte a Brasil por miedo a una invasión napoleónica de Portugal) se convirtió en el nacimiento de una nación.

Disposición barroca
El tema es apasionante; y ya se sabe que la novela de corte histórico que hace estragos hoy busca la fascinación para establecer sus reales, y luego, si acaso, rellena esa fascinación con materiales más o menos caros. Javier Moro se propuso aquí narrar una historia del trópico, al modo en que se entiende en Europa una novela tropical – es decir, pasiones encendidas, paisajes imposibles–, y a su modo lo ha conseguido. Las aventuras de Pedro, traidor confeso de su esposa, Leopoldina de Austria, y INMA CHACÓN Finalista del Premio Planeta 2011 Planeta. Barcelona, 2011

427 páginas, 21 euros amante hasta la decadencia personal de Domitila de Castro ( los perfiles de las mujeres están muy conseguidos), se describen con exaltada disposición barroca pero, en el fondo, con una incidencia en la enseñanza moral. La trama desemboca en la asunción del poder como obligación moral de un monarca con su pueblo. Con Pedro I sucede como con Enrique V en Shakespeare y su repudio de Falstaff: asumir como mandato el buen gobierno siempre ofrece preciados frutos. Lección que Javier Moro, no sé si con intención o no, nos ofrece en tiempos de incertidumbre con probada calidad.
Vestidos de época
Y si la de Moro se sitúa a comienzos del XIX, la de Inma Chacón, Tiempo de arena, es una novela histórica ambientada a finales del XIX y comienzos del XX, como si ambos autores hubieran querido iluminar nuestro presente recurriendo al pasado inmediato. Chacón se ocupa del movimiento feminista en ciernes y de la inclusión de las mujeres en la masonería. Hay en su libro un paisaje de ascendiente exótico, pues describe los últimos momentos de la posesión española de las Filipinas. La narración guarda similitudes con Tristana o con aquellas novelas del XIX que se inmiscuían en la vida de provincias, pero esa recurrencia de Chacón a nuestra literatura decimonónica es un acierto, pues se revela como el único modo de revivir un pasado con los materiales que le son propios, como si hubiera articulado un maniquí con vestidos de época. El resultado, una novela de corte militante pero donde aquello que se quiere decir no se impone a los personajes.

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  1. javiermoro ha publicado esto