Mis Críticas: El Pie de Jaipur

“El pie de Jaipur” es una novela que cuenta con algunos años en su haber. Pero que sigue rezumando frescura y denuncia allá por donde se mire. El pie de Jaipur fue la obra que dio a conocer multitudinariamente a Javier Moro, el flamante ganador del Premio Planeta 2011, después de haberse recorrido la Amazonia y habernos presentado su primer texto, Senderos de libertad, obra que le causó no pocos problemas con los “señores” de la selva y la huida a medianoche de ciertos poblados acuciado por las amenazas. La trama de “El pie de Jaipur” discurre a través de un lenguaje muy personal, pudiendo parecer un ensayo al que la inserción de ciertos diálogos, le hace cobrar agilidad y pulso narrativo, algo bastante usual en la obra de Javier Moro.

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En esta reseña les quiero comentar uno de esos libros que dejan huella. Lo cuento entre los mejores que he leído, y si bien lo leí en el hoy lejano 2003 (se editó por primera vez en 1995), parece ser que este año han hecho una reedición que espero llegue a nuestro Chile. Javier Moro, su autor, es sobrino de Dominique Lapierre, y ambos escribieron otra historia magnífica: Era Medianoche en Bhopal. Su estilo es la crónica amena, cercana, en gran sintonía con su lector. En «El Pie de Jaipur», Moro relata la vida de los minúsvalidos, a través de Christophe Roux, un joven francés que queda tetrapléjico a los veinte años tras un tonto accidente. La narración se desliza desde el momento del accidente, con los malos hospitales, los diagnósticos errados, la desesperanza que sembraban los médicos, el tesón de una madre devota, la depresión del paciente, hasta que descubre una clínica, centro de rehabilitación, que le devuelve la esperanza y las ganas de vivir, en esta clínica comenzaría a recuperar parte de los movimientos de su cuerpo, conocería a Song Tak, joven camboyano -igualmente veinteañero-, en quien la miseria humana había sido pródiga a partir de sus trece años. Se enamoraría y formaría pareja con la enfermera Francoise, que no era minúsvalida y terminaría participando en los Segundos Juegos Paralímpicos, es decir las olimpiadas de los físicamente impedidos.  Adicionalmente relata someramente el holocausto del pueblo camboyano y su rehabilitación tras el régimen del Khmer Rouge. Aparece también una breve, aunque no menos destacable, participación de Stephen Hawking y no es sino luego de avanzada la segunda mitad del libro en que se descubre el origen del título, una protésis de fácil construcción, ideal sobretodo para países del tercer mundo, debido a su bajo costo, pero obviamente enfrenta el rechazo de las grandes corporaciones, Cruz Roja Incluida. Sin lugar a dudas se trata de una bella historia, en la cual el espacio de la compasión, es reemplazado por la solidaridad. Solidaridad y cariño, que aliviana la cruz de quienes acompañan al enfermo. Admiramos la valentía de los padres, el inmenso valor de la compañía de los amigos y también el amor de pareja.

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En esta reseña les quiero comentar uno de esos libros que dejan huella. Lo cuento entre los mejores que he leído, y si bien lo leí en el hoy lejano 2003 (se editó por primera vez en 1995), parece ser que este año han hecho una reedición que espero llegue a nuestro Chile.
Javier Moro, su autor, es sobrino de Dominique Lapierre, y ambos escribieron otra historia magnífica: Era Medianoche en Bhopal. Su estilo es la crónica amena, cercana, en gran sintonía con su lector.
En «El Pie de Jaipur», Moro relata la vida de los minúsvalidos, a través de Christophe Roux, un joven francés que queda tetrapléjico a los veinte años tras un tonto accidente.
La narración se desliza desde el momento del accidente, con los malos hospitales, los diagnósticos errados, la desesperanza que sembraban los médicos, el tesón de una madre devota, la depresión del paciente, hasta que descubre una clínica, centro de rehabilitación, que le devuelve la esperanza y las ganas de vivir, en esta clínica comenzaría a recuperar parte de los movimientos de su cuerpo, conocería a Song Tak, joven camboyano -igualmente veinteañero-, en quien la miseria humana había sido pródiga a partir de sus trece años.
Se enamoraría y formaría pareja con la enfermera Francoise, que no era minúsvalida y terminaría participando en los Segundos Juegos Paralímpicos, es decir las olimpiadas de los físicamente impedidos.
Adicionalmente relata someramente el holocausto del pueblo camboyano y su rehabilitación tras el régimen del Khmer Rouge.
Aparece también una breve, aunque no menos destacable, participación de Stephen Hawking y no es sino luego de avanzada la segunda mitad del libro en que se descubre el origen del título, una protésis de fácil construcción, ideal sobretodo para países del tercer mundo, debido a su bajo costo, pero obviamente enfrenta el rechazo de las grandes corporaciones, Cruz Roja Incluida.
Sin lugar a dudas se trata de una bella historia, en la cual el espacio de la compasión, es reemplazado por la solidaridad. Solidaridad y cariño, que aliviana la cruz de quienes acompañan al enfermo. Admiramos la valentía de los padres, el inmenso valor de la compañía de los amigos y también el amor de pareja.

El País Semanal - Maruja Torres

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Diario El Mundo -Martín Prieto- Año 1995